“Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que
jamás se hubiera visto; su madre estaba enloquecida con ella y su abuela mucho
más todavía. Esta buena mujer le había mandado hacer una caperucita roja y le
sentaba tan bien que todos la llamaban Caperucita Roja. Un día su madre,
habiendo cocinado unas tortas, le dijo.
– Anda a ver cómo está tu abuela, pues me dicen que ha
estado enferma; llévale una torta y este tarrito de mantequilla.
Caperucita Roja partió en seguida a ver a su abuela que
vivía en otro pueblo. Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre lobo,
que tuvo muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió porque unos leñadores
andaban por ahí cerca
La primera versión escrita y publicada de Caperucita roja data de 1697En esta versión de “Le petit Chaperon rouge”, literalmente “El pequeño chaperón rojo” o “El Chaperoncito rojo”suprime escenas de la leyenda original poco apropiadas para la corte de Versalles, como cuando el lobo disfrazado invita a la niña a comer algo que ella no sabe que son los restos de su querida abuelita.
LA CHICA DEL CUMPLEAÑOS
"El anciano permaneció unos instantes mirándola
fijamente, sin decir palabra. Seguía con las manos posadas sobre el escritorio.
Junto a ellas se amontonaban gruesas carpetas similares a libros de cuentas.
También había objetos para escribir, un calendario y una lámpara con la
pantalla de color verde. Aquel par de pequeñas manos parecía formar parte del
mobiliario. La lluvia seguía azotando los cristales de la ventana y, más allá,
se veían borrosas las luces de la Torre de Tokio.
EL DIABLO VESTIDO DE AZUL
Llevé las dos jarras de cerveza hasta la entrada y le di una
a Junior. Una de las pocas maneras que conozco de poner contento a un campesino
rústico es darle un poco de cerveza y dejarle contar unos cuantos cuentos. Así
que me senté y me puse a beber mientras Junior me contaba los sucesos de la
última semana en el local de John. Volvió a contarme la historia de Howard
Green. Cuando lo hizo, agregó que Green había estado haciendo algunos trabajos
ilegales para sus jefes y que, según pensaba Junior, «fueron ellos, los
blancos, los que lo mataron»
SE FUERON
AUTOMORIBUNDIA
Nací o me nacieron –que no sé cómo hay que decirlo– el día 3
de julio de 1888, a las siete y veinte minutos de la tarde, en Madrid, en la
calle de las Rejas número 5, piso segundo.
¿Para qué ocultar la fecha de mi nacimiento? En otros conatos de autobiografía
he mentido, pero ahora, al hacer la autobiografía definitiva, no quiero
comenzar mintiendo, porque no quiero que se dude algún día de todo lo dicho.
Quede desmentido el que nací el año 1891, resultando equivocados todos los
horóscopos que me han hecho. ¡Y lo siento, porque eran optimistas los del 3 de
julio de ese año!
Pero
¿para qué ocultar la verdad ante muertos que viven? –los muertos son muertos
que han muerto al fin–. Antes creía que alguien podía vivir siempre, pero
dentro de cien años todos calvos y, además, sin cuero cabelludo.
AUTOBIOGRAFÍA
«Es difícil saber cuál es el primer recuerdo que una
conserva. Me acuerdo con claridad del día que cumplí los tres años. Nació en mí
la sensación de ser importante. Estábamos tomando el té en el jardín, en el
lugar donde más adelante se mecería una hamaca entre dos árboles. Había una
pequeña mesa de té cubierta de pasteles, con mi tarta de cumpleaños toda bañada
en azúcar y con velitas en el medio. Tres velitas. Y luego un hecho
significativo: una minúscula araña roja, tan pequeña que apenas podía verla,
recorrió el mantel; mi madre exclamó:
- Es la araña de la suerte, Agatha, la araña de la suerte
para tu cumpleaños.
Luego la memoria se desvanece, salvo el vago recuerdo de una
porfía interminable de mi hermano sobre la cantidad de pastelillos que podía
comer. ¡Estupendo y emocionante el mundo de la niñez!»
Agatha Christie – SU TERCER CUMPLEAÑOS
CRÓNICAS FAMILIARES
El corazón del hombre es un mecanismo de precisión,
compuesto por pocas piezas esenciales, que resisten al frío, al hambre, a la
injusticia, a las crueldades, a la traición, pero al que el destino puede herir,
como hace el niño con las alas de la mariposa. El corazón sale de estos golpes
latiendo cansadamente; a partir de ese momento el hombre será quizá más bueno,
quizá más fuerte, y quizá más decidido y consciente en su trabajo, pero no
volverá a hallar en su espíritu aquella plenitud de vida y de impulsos con que
puede llegar a rozar la felicidad. Aquel día era el 18 de diciembre de 1944.
PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS DE LAS LETRAS 1985
Esto no es nada
Si tuviésemos la fuerza suficiente
para apretar como es debido un trozo de madera,
sólo nos quedaría entre las manos
un poco de tierra.
Y si tuviésemos más fuerza todavía
para presionar con toda la dureza
esa tierra, sólo nos quedaría
entre las manos un poco de agua.
Y si fuese posible aún
oprimir el agua,
ya no nos quedaría entre las manos
nada.
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